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Crece el fenómeno de personas que establecen vínculos emocionales con la inteligencia artificial: ¿una solución o un síntoma?

El psicólogo Matías Brígido analiza por qué ocurre y alerta sobre el vacío social que estas relaciones artificiales reflejan.

La inteligencia artificial ya no es solo una herramienta, sino también un interlocutor emocional para muchas personas. Así lo advirtió el licenciado en Psicología Matías Brígido, en diálogo con Radio La Torre, al analizar el creciente fenómeno de quienes dicen haber establecido vínculos afectivos con sistemas de IA.

“No se trata solo de curiosidad. Hay personas que encuentran en la inteligencia artificial un refugio emocional porque no sienten apoyo en su entorno”, explicó el profesional, marcando un giro en cómo la sociedad comienza a usar estas tecnologías.

Durante la entrevista, Brígido alertó que la soledad no siempre se vincula con estar físicamente aislado, sino con la calidad de los vínculos humanos. “Muchos afirman estar rodeados de gente, pero sentirse profundamente solos”, indicó, y planteó que la IA se convierte en un espacio que, valida, escucha y no juzga, algo que muchas personas no encuentran en sus relaciones reales.

El licenciado también señaló que estas interacciones pueden ser riesgosas: “La IA suele responder lo que queremos escuchar. Eso genera un sesgo que, en personas vulnerables, puede tener consecuencias graves”.

En este contexto, el psicólogo remarcó la necesidad de educación emocional y digital para entender cómo relacionarse saludablemente con estas nuevas herramientas. “Estamos aprendiendo sobre redes sociales y ya nos exige la inteligencia artificial. Vamos por detrás, y eso nos expone”, agregó.

Finalmente, Brígido celebró que las instituciones educativas comienzan a interesarse por estas temáticas, promoviendo charlas sobre salud mental, redes sociales e IA. “Cuando vamos a las escuelas, los chicos preguntan, se interesan. Hablar de esto es urgente y necesario”.

El fenómeno interpela a la sociedad en su conjunto: ¿estamos perdiendo la capacidad de generar vínculos reales? ¿O estamos fallando en acompañar a quienes más lo necesitan?
 

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