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Vivir a crédito: crece el endeudamiento cotidiano y hasta el 40% del sueldo se destina a pagar la tarjeta

Los economistas advierten que el financiamiento del consumo se volvió una trampa cara y un síntoma de la pérdida del poder adquisitivo

El resultado se siente en el resumen y se lleva buena parte del sueldo. Según las encuestas entre el 30% y el 40% de los ingresos mensuales se destinan a pagar la tarjeta de crédito. Los últimos informes de Pagos Minoristas que elabora el Banco Central confirman que el uso del crédito se disparó durante 2025, hasta casi igualar —y en algunos meses superar— al de las tarjetas de débito.

Los números son claros: en agosto, hubo 180,4 millones de operaciones con crédito contra 178 millones con débito. En monto, la diferencia es aún mayor: $9,4 billones contra $4,7 billones.

En términos históricos, el cambio también es evidente: mientras en 2022 el crédito representaba apenas el 13,3% de las operaciones, en 2025 ya explica el 46,2% del total.

El Índice Payway del tercer trimestre de 2025 muestra que las transacciones con tarjeta de débito cayeron 1,9% respecto al trimestre anterior y 20,5% interanual, mientras que las de crédito se mantuvieron estables (-0,25%) pero crecieron 2,4% en relación al año pasado.

En otras palabras, las familias usan menos la tarjeta de débito (lo que refleja menor liquidez) y sostienen o aumentan el uso del crédito.

El nuevo mapa del gasto

Para el economista Gonzalo Carrera, de la consultora Equilibra, los datos sobre el uso del crédito tienen raíces profundas en el nuevo contexto económico.

“Claramente hubo un cambio de régimen macroeconómico. Mientras en 2023 era recomendable pagar todo con la tarjeta y dejar el dinero en un fondo que rendía más que la inflación, hoy es al revés: las cuotas ya no se licúan, las tasas son altas y el ingreso real está amesetado", explica el especialista.

Y sigue: “Una estrategia muy común cuando cae el ingreso real es primero usar los ahorros o vender cosas, y cuando eso se agota, empieza el endeudamiento. Muchos hogares tomaron préstamos personales para suavizar el consumo, especialmente jubilados o empleados públicos que fueron los que más poder adquisitivo perdieron. Pero esas cuotas se volvieron difíciles de pagar, pesando mucho sobre el salario".

El economista Matías Bolis Wilson, jefe de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), pone el foco en la dinámica macro detrás del fenómeno.

“La reaparición del crédito está muy vinculada con el retiro gradual del Estado del mercado financiero. Durante mucho tiempo, buena parte del crédito disponible se destinaba a financiar al sector público —lo que se conoce como crowding out o desplazamiento del crédito privado—. Ahora, con un sistema financiero más líquido y con menor demanda del Estado, los bancos comenzaron a prestar nuevamente a las familias y a las empresas”, explica.

Según Bolis Wilson, el consumo “es el componente más importante de la demanda agregada en la Argentina, y su evolución está directamente ligada al crecimiento de la economía. No me imagino un escenario donde la economía crezca si el consumo cae”.

Esa relación define dos comportamientos posibles: el consumo activo, que predomina en etapas de expansión, y el consumo defensivo, que surge en contextos de inflación o pérdida del poder adquisitivo. Hoy, el consumo se sostiene más por necesidad que por el aumento del ingreso.

De los electrodomésticos al changuito del supermercado

Hasta hace pocos años, la tarjeta de crédito era sinónimo de compras grandes: electrodomésticos, viajes, muebles. En 2025, ese límite se diluyó. Cada vez más hogares usan el crédito para comprar alimentos, pagar expensas o cubrir gastos del día a día.

La “financiarización del consumo cotidiano” —como la llaman los economistas— tiene consecuencias directas: menos margen de ahorro y más riesgo de endeudamiento crónico.

“Cuando el crédito deja de ser una herramienta de inversión o consumo planificado y pasa a ser una forma de sobrevivir al mes, deja de ser saludable para la economía doméstica”, advierten los expertos a este medio.

A eso se suma un cambio en las condiciones financieras: las tasas de las tarjetas se dispararon y los planes de cuotas sin interés son cada vez más acotados. El resultado: una trampa cara, en la que muchas familias pagan el mínimo y acumulan saldos imposibles de abonar.

¿Se puede salir del círculo?

Los especialistas coinciden en que el desafío hacia adelante será reducir el peso del endeudamiento de corto plazo sin golpear el consumo.

“Mientras el ingreso real no se recupere, el crédito seguirá siendo un salvavidas”, resume Carrera.

Bolis Wilson, en tanto, ve con cierto optimismo el futuro inmediato: “Una vez despejado el frente electoral, esperamos que 2026 sea un año de crecimiento”. Si eso ocurre, el crédito podría volver a ser una herramienta de expansión, no de supervivencia.

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