
Sin salir en la foto: La mujer que desafió un oficio de hombres y abrió una escuela gratuita de carniceras
Soledad Andreoli impulsó en la provincia la capacitación de mujeres carniceras que ya genera empleo.
En el marco del Mes de la Mujer, se presentó la segunda entrevista de “Sin salir en la foto”, una propuesta impulsada por el Núcleo del Conocimiento para visibilizar a mujeres que ocupan roles clave en distintos ámbitos de la provincia.
En un rubro históricamente dominado por hombres, Soledad Andreoli decidió dar un paso que pocos se animaban siquiera a imaginar: abrir el camino para que las mujeres ingresen al oficio de la carnicería. Lo hizo desde la experiencia, desde la necesidad que detectó en la calle y desde una convicción firme: “la mujer puede”.
Gerente de una empresa familiar vinculada al sector frigorífico y a una red de carnicerías, Andreoli relató que su iniciativa nació del contacto directo con la gente. En cada conversación con clientas aparecía la misma inquietud: por qué las mujeres no ocupaban ese lugar detrás del mostrador. Esa pregunta fue el punto de partida.
“Siempre las mujeres estaban relegadas a tareas administrativas o de limpieza. Entonces dije: ¿por qué no cambiarlo?”, explicó. Así surgió la idea de crear una escuela de formación, utilizando la estructura existente, pero con un objetivo claro: capacitar, incluir y generar oportunidades reales.
El proyecto tuvo una respuesta inmediata. A través de redes sociales, decenas de mujeres se inscribieron en una capacitación que combinó teoría, práctica y acompañamiento emocional. No solo aprendieron cortes de carne y manejo de herramientas, sino también a ganar confianza en un entorno que históricamente les fue adverso.
“El paradigma es que la mujer no puede despostar una media res. Y no es fuerza, es técnica”, afirmó Andreoli, desmitificando uno de los prejuicios más arraigados del sector.
El impacto fue concreto: muchas de las participantes hoy trabajan en carnicerías y otras incluso iniciaron sus propios emprendimientos. Todo el proceso fue gratuito, sostenido íntegramente con recursos privados. “Es una herramienta para cambiar la realidad de muchas mujeres”, sostuvo.
Sin embargo, el camino no estuvo exento de obstáculos. Andreoli reconoció que enfrentó resistencias tanto dentro como fuera del ámbito laboral. Desde clientes que rechazaban ser atendidos por mujeres hasta dificultades internas para lograr que el equipo acompañara el cambio.
“Tuve que hacerme respetar con resultados. Fue difícil, pero no imposible”, resumió.
Más allá del impacto económico, el proyecto también tiene una dimensión cultural. La empresaria considera que el verdadero cambio debe darse desde la base, incluso en los hogares, donde todavía persisten prácticas y pensamientos machistas que limitan el desarrollo de las mujeres.
En ese sentido, su mensaje es directo: animarse. “No hay que esperar a estar listas. La confianza viene en el camino”, afirmó.
Además, destacó el valor de generar referentes para las nuevas generaciones. En su caso, ese reflejo se ve en su propia hija, quien observa con orgullo el trabajo de su madre. “Lo más importante es dejar huellas”, expresó.
De cara al futuro, Andreoli confirmó que la escuela tendrá una nueva edición en julio, con el objetivo de ampliar el alcance de una iniciativa que ya comenzó a transformar realidades.
En un contexto económico complejo para el sector, con caída del consumo y aumento de costos, la apuesta por la inclusión y la formación aparece como una herramienta clave para sostener y reinventar la actividad.
“Si todos pensamos en ayudar al otro, puede cambiar la realidad de la provincia y del país”, concluyó.

