
Dícese de “la humanidad como la capacidad para sentir afecto, comprensión o solidaridad hacia las demás personas” y “se denomina como ‘populismo’ a diversas realidades, propuestas y estrategias políticas, económicas, sociales y culturales, que proponen defender los intereses generales de la sociedad a fin de alcanzar el bienestar común de los ciudadanos”.
El 25 de Mayo de 1810 un grupo de patriotas se animó a sembrar estos principios, constituyendo el primer grito de libertad. A más de doscientos años de historia seguimos luchando por lograr una patria más grande, justa y generosa. Me imagino que la oligarquía de aquella época seguramente los habrá llamado “populistas”, por querer tener derecho al principio más básico de toda sociedad: el derecho a la libertad, a la autodeterminación de los pueblos, a la soberanía política, económica y social que nos abrace a todos como hermanos y hermanas, bajo una misma bandera.
Los patriotas de 1810 a los que se les siguieron los de 1816 con la declaración de la independencia, seguramente no pensaron en un país para unos pocos, sino en un país para todos y todas. No tengo dudas que los ideales de aquellos hombres y mujeres era difundir las bases de un país en el cada ciudadano tuviera derecho a vivir en paz, libertad y armonía. Un país que contenga a todos y todas y no a algunos.
Como podría tener dudas de los ideales de aquellos hombres y mujeres si dejaron plasmados en nuestro preámbulo conceptos inequívocos y claros “constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino”.
Hoy nos toca seguir lidiando con el desprecio hacia el “populismo”, y no es solamente un desprecio a una ideología política y sus hacedores, sino también es un desprecio hacia la clase trabajadora que lucha por mantener sus derechos y a los excluidos sociales que bregan por ocupar un lugar en una sociedad que muchas veces les cierra las puertas. En el fondo es un desprecio al concepto real del populismo que más arriba mencionaba.
En las mentes oligárquicas argentinas existe solo un concepto de país, el de unos pocos con toda la riqueza, en el que los excluidos sean serviciales a sus necesidades, con salarios paupérrimos y sin derechos de ningún tipo. Se llenan la boca hablando de patria aunque odian los principios fundacionales de los hacedores de la patria.
Hablan de patria y esconden bajo la alfombra los preceptos del articulo 14 y 14 bis de la Constitución Nacional que a continuación transcribo: “ARTÍCULO 14.- Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio; a saber: de trabajar y ejercer toda industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar libremente su culto; de enseñar y aprender. ARTÍCULO 14 bis.- El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor; jornada limitada; descanso y vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo, vital móvil, igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección; protección contra el despido arbitrario; estabilidad del empleado público; organización sindical libre y democrática, reconocida por la simple inscripción en un registro especial. Queda garantizado a los gremios: concertar convenios colectivos de trabajo; recurrir a la conciliación y al arbitraje; el derecho de huelga. Los representantes gremiales gozarán de las garantías necesarias para el cumplimiento de su gestión sindical y la relacionada con la estabilidad de su empleo. El estado otorgará los beneficios de la seguridad social, que tendrá carácter de integral e irrenunciable. En especial la ley establecerá: el seguro social obligatorio, que estará a cargo de entidades nacionales o provinciales con autonomía financiera y económica, administradas por los interesados con participación del estado, sin que pueda existir superposición de aportes; jubilaciones y pensiones móviles; la protección integral de la familia; la defensa del bien de familia; la compensación económica familiar y el acceso a una vivienda digna.
Estos enunciados en mi humilde criterio, son la esencia principal de nuestra Constitución. Aquí queda plasmado lo más simple y esencial del concepto de patria. No puede haber patria para unos pocos, la patria en su concepción es “populista”.
Así, más allá del desprestigio que haya sufrido el concepto en los análisis egoístas de algunos profetas con los pies de barro, difundidos por los medios que responden a intereses de la misma talla, reivindico el termino populismo ajustándome a su verdadero significado. Al respecto, rescato las palabras de nuestra vicepresidenta en una entrevista cuando mencionó: “Trabajar y vivir bien no es de populistas”.
¿Yo me pregunto, no es esto acaso “defender los intereses generales de la sociedad a fin de alcanzar el bienestar común de los ciudadanos”?
Y como para traer a casa el análisis, el gobernador Ricardo Quintela, plasmo su plataforma de gobierno en el concepto “PAN, TECHO Y TRABAJO”, populismo puro para quienes sienten que algo les roban con la justicia social, traducido en casi 5 mil viviendas, cifras record de empleo y construcción, índices de desempleo por el piso, un programa de conectividad ejemplo en la Argentina, energía para la producción, la comodidad y el desarrollo, obras emblemáticas que quedaran por generaciones, el desarrollo de energías limpias, y el compromiso expresado de terminar la precarización laboral del Estado y transformar la matriz productiva de la provincia.
Obviamente los odiadores seriales tataranietos de aquellos de 1810, sueñan con destruir al peronismo porque representa lo que ellos con desprecio analizan como “los que no saben votar”.
Lo lamentable, es que muchas veces nos avergonzamos de la defensa de estos conceptos, custodia que debiera surgir como una herramienta de supervivencia, porque la matria cuenta con que se activen esos resortes de dignidad, esos gritos de expresión pura de humanidad. Ese fuego sagrado es el que sacó a miles de argentinos y argentinas a la calle el 25 de Mayo, en la autodefensa, en la lucha contra el atropello, en la protección de nuestras familias y de nuestro futuro.
No venimos por limosnas, no queremos la dádiva que algunos están convencidos que es lo que nos conforma, venimos por nuestros derechos, por el reconocimiento puro y llano de que el reparto de oportunidades tiene que ser equitativo, y una vez más vamos a demostrar que la herramienta es el voto para expresarnos, para dejar en claro los mensajes.
Para terminar, vuelvo a citarla a Cristina, en una síntesis descarnada de aquello que no da lugar a análisis, que tiene la fuerza concluyente de la razón misma…. “Comer cuatro veces por día no es una cuestión ideológica. Tener un buen salario, poder estudiar. No es de populistas, está en el ADN del pueblo argentino”.

