
Este 2023 nos plantea una nueva oportunidad, como electores, electoras y elegidos, elegidas de perfeccionar el sistema de representación democrática. Mucho se ha hablado de los lugares de la mujer en las listas y, campaña mediante de la Rama Femenina del Partido mayoritario en la provincia, muchas fueron las especulaciones trazadas de cara al cierre de listas.
Una vez conocidas las mismas, es necesario analizar si la Ley de Paridad (Ley 10.292 de paridad de género de representación política) es una oportunidad o lamentablemente solo una consigna hipócrita, como tantas con las que estamos acostumbradxs a organizar nuestras sociedades.
En la competencia electoral se inscribieron en la provincia el Frente de Todos, siendo la alianza más numerosa con más de 70 partidos en su conformación, Juntos por el Cambio, Frente La Rioja Puede, Frente La Libertad Avanza, Frente de Izquierda y de los Trabajadores Unidad y la Alianza La Libertad Avanza Frente Liberal.
Luego de observar las presentaciones de listas, sin dudas es notable el camino recorrido, aunque también puede observarse que falta mucha preparación en hombres y mujeres, sobre todo del interior provincial, para que el género tenga efectiva presencia en las mesas de decisión de las políticas públicas de una sociedad cuyo padrón electoral está conformado por más de la mitad de mujeres.
Una vez más, a la hora de proponer las candidaturas, son los varones los que encabezan listas. Esto resultará que, una vez realizados los repartos de cargos, el impacto de los nombres femeninos seguirá siendo una asignatura pendiente.
La ley de paridad indica claramente la paridad de género para todos los cargos electivos de representatividad en la Función Legislativa y en los departamentos deliberativos de cada uno de los Estados Municipales. Claro, cuando la mayoría de las listas son encabezadas por hombres, este derecho consignado en la ley, pasa a ser la letra muerta de los sueños de verano de mujeres y sus aspiraciones políticas. Una vez más la sociedad se va a perder la posibilidad de que las leyes y ordenanzas, cuenten con la mirada enriquecedora de una parte de la sociedad que, en mayoría, sigue atrasada.
La meta común adoptada internacionalmente en la Declaración y Plataforma de acción de Beijing, es lograr la participación política y distribución equilibrada del poder entre hombres y mujeres en la toma de decisiones. Las cuotas de géneros han contribuido sustancialmente al progreso a lo largo de los años. La evidencia demuestra que la presencia de mujeres líderes en los procesos de toma de decisiones políticas mejora dichos procesos. Las mujeres demuestran un más sano liderazgo político al trabajar por encima de las divisiones partidarias en grupos parlamentarios, incluso en los escenarios políticos más agresivos, con mejores resultados, defendiendo asuntos de profundo impacto social con menores consecuencias divisionistas y mayor altruismo a la hora de la ejecución de las acciones políticas.
A cuarenta años de democracia ininterrumpida en nuestro país, es necesario interpelarnos porqué para las mujeres, todavía hoy, encabezar listas es un proceso negado y excluyente. Las mujeres hemos demostrado ser las líderes dinámicas promotoras de cambio que las sociedades necesitan para incentivar la participación, reivindicar los derechos, fortalecer comunidades y proteger el planeta. Así y todo, los nombres femeninos en las grandes decisiones de la gobernanza democrática, siguen reducidos a solo un puñado de representantes.
Es necesario también pensar que hay mensajes encontrados; mientras el gobernador de la provincia, sin que la ley se lo obligue, elige a una mujer para que sea su compañera de fórmula, por otro lado observo listas en el interior provincial cuyos candidatos a intendentes, vices, diputados, convencionales constituyentes y concejales, son mayoritariamente varones y me obliga a pensar cual es la causa para desmotivar a las mujeres a desempeñar esas funciones, mientras que para la tribuna vociferan la equidad de género como la panacea de organización social.
Promover y fortalecer la inclusión de mujeres en los tres niveles de gobierno, fomentando una cultura de respeto y valoración de las diferencias de género nos llevara a una sociedad realmente inclusiva y con derechos ampliados para todos los sectores. Mientras esto no suceda, mientras no haya mujeres encabezando listas, mientras en la Cámara de Diputados menos de un tercio de representación esté en manos de las féminas, estamos condenados a repetir errores desperdiciando la riqueza del aporte femenino en cada una de las grandes y pequeñas decisiones.
La visibilización de las desigualdades de género en el plano electoral es una consigna clara que, como periodista feminista, me veo comprometida a exponer. Conocer cuántas bancas ocupamos, cuantas listas encabezamos, cuantas de nosotras está ubicada en lugares de decisión política, nos permitirá fortalecer nuestras luchas en pos de la real igualdad. La política es un terreno fuertemente masculinizado que de a poco vamos transformando.
Poco podemos hablar de justicia cuando de manera sistemática repetimos violencias excluyendo, negando y minimizando la capacidad de la mujer. Otra oportunidad ya se escapó. Para concluir me permito citar la premisa de la Unión Interparlamentaria de las Naciones Unidas que indica: “el concepto de democracia solo tendrá un significado verdadero y dinámico cuando las políticas y la legislación nacional sean decididas conjuntamente por hombres y mujeres y presten una atención equitativa a los intereses y las aptitudes de las dos mitades de la población.

