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Otra vez, el Estado nacional ausente ante la catástrofe

Las intensas lluvias en la provincia de Buenos Aires dejaron más de 2.000 evacuados, barrios anegados y Javier Milei brilló por su ausencia.

Las imágenes hablan por sí solas: calles convertidas en ríos, casas sumergidas y familias enteras obligadas a evacuar en medio de la desesperación. Cayeron más de 400 milímetros de agua en apenas horas, y el pronóstico no da tregua. Zárate, Campana, La Matanza y hasta la mismísima ciudad de Buenos Aires sufrieron las consecuencias del temporal. Pero más allá del clima, lo que desnudó esta catástrofe fue otra tormenta: la política.

Mientras los vecinos del conurbano bonaerense pedían auxilio, el gobernador Axel Kicillof activaba todos los recursos provinciales disponibles. Sin embargo, el silencio de la Casa Rosada fue ensordecedor. Ante esa ausencia, el gobernador riojano Ricardo Quintela rompió filas y no solo ofreció ayuda desde su provincia, sino que volvió a denunciar la desidia del Gobierno nacional.

“No puede haber un gobierno nacional que le dé la espalda a su pueblo”, expresó Quintela, visiblemente indignado. Y no es la primera vez. El mandatario riojano recordó que tampoco hubo presencia nacional en tragedias previas como el tornado en Patquía o las inundaciones en Chamical.

Mientras tanto, en La Rioja, el Gobierno provincial avanza con la reconstrucción de las viviendas afectadas por los últimos temporales. A través del Plan Angelelli, ya se están recuperando las primeras 33 viviendas de un total de 60 dañadas. No hubo espera, no hubo excusas: hubo gestión.

En este contexto, la diputada nacional Gabriela Pedrali también apuntó contra el Ejecutivo de Milei: “La falta de inversión en obra pública pone en riesgo la calidad de vida de quienes más lo necesitan”.

La pregunta se vuelve inevitable: ¿Dónde está la Nación cuando el pueblo sufre? ¿Qué queda de un Estado ausente que sólo aparece para ajustar y desaparecer cuando la urgencia lo llama?

Este nuevo desastre natural deja, una vez más, en evidencia dos modelos de país. Uno que, aunque con recursos limitados, elige estar. Y otro que decide mirar hacia otro lado, incluso cuando la tragedia se desata a la vuelta de la esquina de la Casa Rosada.

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