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Orgullo argentino en el espacio: un nanosatélite universitario fue lanzado junto a Artemis II

Fue desarrollado por la Universidad de La Plata.

Argentina volvió a marcar presencia en la carrera espacial internacional con un hito que combina ciencia, tecnología y educación pública. Un nanosatélite desarrollado por la Universidad Nacional de La Plata logró ser parte de la misión Artemis II de la NASA, el histórico regreso de vuelos tripulados hacia la Luna.

Según explicó Aldana Guilera, integrante del equipo del Centro Tecnológico Aeroespacial (CTA), el dispositivo —denominado Atenea— tenía dimensiones reducidas, similares a una caja de zapatos, pero cumplió un rol clave dentro de la misión.

El satélite fue lanzado el pasado 1 de abril y, horas después, se desplegó junto a otros dispositivos desde la nave que transportaba a los astronautas. Uno de los momentos más importantes para el equipo argentino fue la recepción de la señal apenas minutos después de su liberación en el espacio, lo que permitió validar gran parte del funcionamiento tecnológico.

Atenea tuvo una vida útil breve pero significativa: orbitó durante aproximadamente un día antes de reingresar a la atmósfera terrestre, donde se desintegró completamente, tal como estaba previsto por su diseño.

Durante ese tiempo, el nanosatélite logró recolectar información clave a través de un dosímetro de radiación, que permitirá analizar las condiciones del entorno espacial en su trayectoria. Los datos ya fueron descargados, aunque su procesamiento demandará varios meses debido a la complejidad técnica.

Más allá de la duración de la misión, el principal objetivo fue cumplido: validar tecnología desarrollada íntegramente en Argentina. Para el equipo, el hecho de haber recibido señal desde el espacio representa más de la mitad del éxito de la misión.

El proyecto se concretó en el marco de un programa de satélites universitarios de la UNLP y fue posible gracias a la experiencia previa con otros desarrollos, lo que permitió avanzar con mayor rapidez en los tiempos exigidos por la misión internacional.

La participación argentina se dio a través de una convocatoria global en la que sólo cuatro proyectos fueron seleccionados entre países firmantes del Tratado Artemis. Argentina compartió ese selecto grupo con potencias como Alemania, Corea del Sur y Arabia Saudita.

Para los científicos y estudiantes involucrados, formar parte de una misión de esta magnitud significó no solo un desafío técnico, sino también un hecho histórico: contribuir, aunque sea en una pequeña escala, al regreso de la humanidad a la Luna.

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