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La pensión que resiste al tiempo en el corazón riojano

La pensión 9 de Julio mantiene viva una historia que comenzó hace más de un siglo. Sus muros, buena parte de adobe, son testigos de ese pasado.

“A este lugar lo compraron mis abuelos antes de 1954. Por lo que sé, es una casa de 1820 aproximadamente”, cuenta a Canal 9, Ana Rodríguez, una de las propietarias y heredera de una historia familiar marcada por el esfuerzo. Sus abuelos, llegaron con experiencia en la hotelería: su abuela trabajaba como cajera en el antiguo hotel Plaza, mientras que su abuelo era chef en Córdoba. Juntos transformaron una vivienda de siete habitaciones en una pensión que pronto se integró al reducido circuito de hospedajes de la época.

En aquellos años, la oferta era escasa: apenas tres o cuatro lugares para alojarse en la ciudad, entre ellos el hotel Plaza y el hotel de Turismo (donde hoy funciona la Municipalidad), además del desaparecido hotel Castelar. La cercanía de todo, incluida la antigua terminal de ómnibus ubicada donde hoy se levanta el Correo, favorecía el tránsito constante de viajeros.

Pero la historia no ha estado exenta de dificultades. La muerte temprana de los abuelos dejó a la siguiente generación al frente del negocio en condiciones adversas. “Mi mamá y mi tía tenían solo siete años, y quien se hizo cargo fue mi tío, con apenas 18”, relata Rodríguez. Aún así, la pensión siguió en pie.

Con el paso del tiempo, la casa creció. A las habitaciones originales se sumaron nuevas ampliaciones: tres más en los años ochenta, un primer piso inaugurado en 2000 y un segundo hace apenas dos años. Hoy, el emprendimiento continúa siendo familiar, con varias generaciones repartiendo tareas para sostener la actividad.

“Siempre tuvimos meses fuertes, como febrero o diciembre. Ahora hay mucha menos gente, y no somos los únicos”, advierte Rodríguez. La caída en la ocupación afecta a todo el sector y ha obligado a otros establecimientos a cerrar. La pensión 9 de Julio, por ahora, resiste.
 

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