
La más atroz de las cosas malas de la gente mala, es el silencio de la gente buena
Columna Semanal.
Por Mariana Maldonado
Para arrancar la semana propongo que podamos reflexionar sobre la frase de Mahatma Gandhi, quien por medios pacifistas absolutamente, logró una revolución sin precedentes en el poder de la India y se convirtió con su lucha en uno de los mayores símbolos de la paz del siglo XX.
En esta campaña proselitista que estamos viviendo, las conductas de algunos candidatos y candidatas nos presentan agravios, insultos, ponderación de lo más oscuro y triste de nuestra historia, utilización de elementos de tortura como símbolos de lo que piensan, de lo que sienten, de aquello que están hechos. Y creo, no podemos livianamente dejar pasar estas maneras de gestionar la organización de un país, porque el silencio nos hace cómplices de un futuro que, prometen de manera grandilocuente, está condenado a la pérdida de derechos que tanto ha costado conseguir.
Cada uno de estos derechos, consagrados en leyes y acciones de gobierno, está pensado desde el amor y la tolerancia, desde la inclusión y la armoniosa convivencia de los que pensamos diferente pero perseguimos el mismo objetivo: que a la Argentina le vaya bien, como una síntesis de que a los argentinos y argentinas nos vaya bien.
¿Quién puede regodearse en el dolor del vecino porque piensa diferente? ¿Quién puede estar contento con la tortura de seres humanos, con el hambre de miles de familias, con la imposibilidad de curarse, educarse, recrearse, trabajar en paz, solo porque sus argumentos de cómo se maneja la cosa pública sean diferentes a los propios? ¿Qué grado de enajenación debe tener una persona para que, a través del dolor, crea que puede originar cambios constructivos? ¿Qué se puede construir cuando la destrucción es la norma?
¿Creemos realmente que esta división maquiavélica que nos proponen entre hermanos es lo que nos va a perfeccionar como sociedad? ¿A 40 años de la recuperación de la democracia nos pusimos a pensar en la devastación que dejo el proceso? Es hora de analizar con un realismo atroz lo que se puede venir, lo que una mala decisión puede provocar en nuestras vidas, en las de nuestros hijos y nietos. Y en este análisis debemos mirar escenarios completos, si se promete cárcel a una parte de la dirigencia por supuestos y nunca probados actos de corrupción, ¿qué celda le tocará a los que fugaron las fabulosa deuda externa que nos arrodilla ante el Fondo Monetario Internacional y nos condena a esta devaluación injusta que ahoga a los más vulnerables y asfixia a la clase media que sobrevive en un estado de preocupación permanente? ¿Cuál es el parámetro de esta moral a medias, que mira de manera displicente a los fugados funcionarios de Macri para no enfrentar la justicia que tanto pregonan? ¿Cómo opera el mecanismo de premios y castigos en la meritocracia que nunca alcanza en oportunidades equitativas al interior profundo, a los que construimos la riqueza de la argentina en estas latitudes alejadas del puerto y por lo tanto siempre a la buena de Dios? ¿Qué clase de egoísmo nos inunda y no nos deja ver el holocausto social, económico, de valores que claramente nos proponen el candidato supuestamente “libertario” y la que carga muertos en su conciencia leonina? Debemos ser capaces de mirar a la cara a los que nunca nos dieron soluciones y hoy se presentan como los grandes salvadores. Debemos accionar con un profundo sentido de unidad nacional, entendiendo que las guerras entre pobres, el individualismo y la destrucción del tejido social nunca han sido beneficiosos para las mayorías.
Retomando el concepto de los derechos conseguidos, ¿ de verdad creemos que en la purga propuesta no vienen por todos nosotros? Si por todos y todas, los que necesitamos un remedio, los que el estado protege en una pandemia, los profesionales hijos de las universidades públicas, los estudiantes que cada día van a la escuela con boleto gratuito, los que cimentan una familia en viviendas construidas con fondos públicos, las mamás solas que gracias a las asignaciones tienen un único ingreso fijo para afrontar el día a día, los que con su discapacidad encontraron un estado presente que les brinda una mejor calidad de vida, los que pudieron jubilarse a pesar de no contar con la totalidad de los aportes en un sistema solidario, los que antes tenían que pasar por el escarnio y la discriminación y hoy cuentan con políticas públicas que abrazan la diversidad. Todos, Todas y Todes, aunque a algunos les moleste siquiera que se nombre a los que se atreven a sentir diferente. Debemos ser capaces de reencontrarnos como hermanos, de construir un país grandioso en el que quepamos sin excepciones.
Y vuelvo a citar a Gandhi cuando magistralmente expresara: La ira y la intolerancia son enemigas del saber. La sabiduría nace a partir del dialogo. La violencia es el miedo a los ideales de los demás y lo que se obtiene con violencia, solo se puede mantener con violencia. Pensemos, cuanto seremos capaces de resignar en un estado de violencia, cuando la violencia golpee a nuestra puerta.

