
La elección que no fue, el peronismo que hay que reconstruir para dar pelea por una nueva emancipación de la Patria
Columna de Opinión: Pocho Brizuela -
Fue una pena. Desde que se convocó a las elecciones para ordenar y normalizar el partido, herramienta político electoral del movimiento nacional, se planteó un desafío muy atrapante y seductor.
Volver a las fuentes de un partido necesitado de oxígeno popular, federal, abierto, que decantara el polvo del sectarismo, de las mesas chicas de cúpulas y con "lio", al decir del Papa Francisco.
Un poco de "lio" se armó, pero no alcanzó a madurar en algo nuevo que nos impulsará a la tarea central: unirnos para enfrentar con propuestas a esta etapa política e institucional de la destrucción anarco-colonial, reaccionaria y fascista.
Se quedó a mitad de camino. Nos quedamos.
Desde La Rioja, en mi caso- también de otrxs compañerxs- acompañamos a nuestro gobernador, Ricardo Quintela, que se atrevió a empuñar el bastón de mariscal y provocó una linda movida, desde adentro de la Patria hacia el centro. Desde dirigentes y militantes, que se reencontraron con la liturgia humanista del encuentro, del entusiasmo y de una sensación de renacer y zurcir agujeros que nos debilitaban, y motivar a todxs, a la épica de la Patria justa, libre y soberana, que hay que emprender con empuje y decisión, también con pasión y mística, de forma urgente, antes que la coma- a la Patria- el león.
Sorpresivamente, apareció Cristina y el escenario se conmovió.
Es muy fuerte que Cristina se involucre por el partido Justicialista.
Fue una jugada inesperada.
Para mí, como para otrxs compañerxs, que experimentamos en este siglo, un peronismo real, no exclusivo ni absoluto, abierto a otrxs acentos y matices, referenciado en Néstor y Cristina, nos puso en un "brete".
Escuchando a Quintela, que no planteaba un conflicto ideológico con Cristina, y, despejaba toda disputa o diferencia de línea política, respecto a la gravedad del desarme y "desguace" democrático y social, de esta etapa libertaria, me sumé a la propuesta sencilla y práctica de Quintela, de despertar, movilizar, construir con todos y todas, con una fuerte impronta Federal, superando primacías o hegemonías sectarias, administrando tensiones, en un diálogo compañero, donde " nadie sobra" y "nadie es más que nadie", con la simpleza diáfana de nuestra doctrina y nuestra praxis identitaria junto a lxs humildes.
Las recorridas y gestos de Quintela lo confirmaban. Crecía el entusiasmo y la interna mostraba el lado virtuoso de luz y esperanza.
Nos estaba haciendo bien. Es sano disputar sin "sacarnos los ojos", y, nuestro gobernador aportó muchísimo a esta tarea de despertar, enderezar y ordenar un PJ a la deriva y apagado.
La interna no fue. Nos quedamos con las ganas, por formalidades que podrían ser más sabias y generosas. Una pena.
Siento, que, en toda esta agitación positiva para el peronismo, tuvo mucho que ver Ricardo. Tuvo audacia para "hacer el lio" que sugiere el Papa, y ese es su triunfo.
Sin partido jugado, no hay derrota, y, si se hubiese jugado y perdido en los números, también hubiese ganado.
Queda por delante una reconstrucción que no se dio, y la tarea inmensa e impostergable de un Peronismo sólido, rebelde, generoso, combativo, federal, con todxs y con un programa nacional, popular y humanista que salve la Patria de este desastre.
Ricardo lo sabe. Cristina también. Habrá que tejer con ellxs y todxs, una trama que refleje y reproduzca la esperanza, que es un deber, cuando la Patria tambalea y se "deshace".

