
Efraín Molina: “No es serio gobernar sin presupuesto real” y advierte sobre proyecciones “demasiado optimistas” de Milei
El economista analizó el discurso presidencial por el Presupuesto 2026.
En diálogo con Radio La Torre, el economista y docente universitario Efraín Molina brindó una mirada crítica y profunda sobre la presentación del proyecto de Presupuesto 2026 realizada por el presidente Javier Milei. En un tono técnico pero didáctico, Molina destacó la importancia institucional de contar con un presupuesto aprobado por el Congreso, advirtió sobre las inconsistencias del plan oficial y marcó que “no es serio reconducir año tras año un presupuesto sin debate ni aprobación”.
“El presupuesto es la ley madre, la columna vertebral de la política económica”, explicó el docente de la UNLaR y UNC. Según el especialista, lo presentado por el Ejecutivo muestra “una visión excesivamente optimista” en variables clave como inflación, tipo de cambio y crecimiento económico: “Hablar de una inflación mensual de menos del 1% en un contexto tan volátil parece irreal”.
Molina también se refirió al mensaje político del presidente: “Bajó el tono de confrontación, buscando dar señales a la población y al mercado”. Sin embargo, remarcó que mantener el equilibrio fiscal es una tarea compleja si no hay crecimiento real ni mejora en la recaudación. “No alcanza con recortar el gasto, hay que garantizar ingresos”, enfatizó.
Consultado por los aumentos prometidos en jubilaciones, salud y educación, el economista consideró que responden más a una necesidad electoral y social que a una convicción estructural: “No se puede seguir gobernando con oídos sordos a demandas tan sensibles”. Y agregó que, tras ser electo, un presidente debe “gobernar para todos, no solo para quienes lo votaron”.
Sobre la insistencia del Ejecutivo en mantener el déficit cero, Molina sostuvo que “el equilibrio fiscal es necesario”, pero alertó sobre el costo de alcanzar metas de manera forzada: “Históricamente, bajar de dos dígitos de inflación en un año implicó fuertes recesiones y atraso cambiario”.
Finalmente, al analizar el impacto político del discurso, planteó que el mensaje “de que lo peor ya pasó” forma parte de una estrategia electoral a menos de dos meses de elecciones legislativas. “La gente vota con el bolsillo. Y la microeconomía —el empleo, los ingresos, el poder adquisitivo— pesa más que los discursos optimistas”, concluyó.

