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Alemania ya no es lo que fue

Lo que va del abandono de su poderoso estilo tradicional a sus fragilidades actuales

Los cambios hicieron que la potencia por la que la Mannschaft era conocida y temida se fuera diluyendo en los últimos mundiales hasta dejar de ser respetada por sus ocasionales rivales.

Alemania ya no es lo que fue. Aunque consiguió atravesar la fase de grupos por primera vez en 12 años, le perdieron el respeto. Ecuador consiguió frente a ellos la victoria más importante de su historia futbolística y, con un poco del atrevimiento que amarreteado hasta aquí, Paraguay les significó, este lunes, otro final anticipado.

La Mannschaft se intoxicó con aquel legendario 7-1 ante Brasil en 2014 y la consecuente final ganada en el suplementario ante la Argentina. Allí se coronó un proceso de diez años, iniciado tras la eliminación en primera ronda en la Eurocopa 2004, cuando Alemania copió el esquema de academias de fútbol de Francia y complementó su tradicional estilo de fuerza, dinámica y juego aéreo con técnica, pases cortos y paciencia.

Pero después de aquella cuarta Copa del Mundo, el estilo abrazado no contó con los intérpretes adecuados y el equipo alemán se fue tanto en la primera ronda de Rusia 2018, tras derrotas ante México y Corea del Sur, como en Qatar 2022, superada por Japón y con un triste empate ante España. Apenas si marcó ocho goles en seis partidos.

Los nostálgicos apuntaron, con cierta razón, que para jugar de esa manera la Mannschaft había sacrificado a sus tanques: los centrodelanteros corpulentos que anotaban con oportunismo y los vigorosos punteros que desbordaban y tiraban centros fructíferos. Puede parecer un estilo caduco, pero el fútbol directo sigue teniendo adeptos, y Alemania no tiene en claro cuál es la solución alternativa.

En Rusia, Joachim Löw dispuso un 4-5-1 distinto al 4-6-0 “mentiroso” que le había dado tanto éxito en Brasil, con Timo Werner como atacante; el ariete del Stuttgart no marcó un solo gol en el torneo. El mediocampo campeón de Kroos, Khedira y Özil ya era cuatro años más viejo y la energía de Thomas Müller no bastaba por sí sola.

En Qatar, Hansi Flick armó un 4-2-3-1, borró casi por completo el medio –solo dejó a Müller- pero como punta eligió a la Cobra Kai Havertz, más acostumbrado a flotar que a pesar en el área. Al final, desde el banco surgió Niklas Fullkrug, un centrodelantero a la alemana, que anotó de manera casi agónica el empate con los españoles. No alcanzó.

Julian Nagelsmann pareció entender esta situación eligiendo a Nick Woltemade, el punta del Stuttgart, que lleva apenas un año en el seleccionado. Marcó 4 de los 9 tantos con que Alemania venció sus últimos tres partidos en las Eliminatorias. Por esos goles lo adquirió el Newcastle FC de capitales sauditas, en 85 millones de dólares.

Sin embargo, cuando llegó el Mundial, el entrenador prefirió a Havertz, finalista de la Champions League con el Arsenal, flotando en torno a Sané, Musiala y Wirtz, el reemplazante del lesionado Serge Gnabry. Y Woltemade ni siquiera es su primera opción.

Esa es el treintaañero Denis Undav -¡también del Stuttgart!-, seis años mayor que Woltemade, cuyos goles fueron imprescindibles para vencer a Costa de Marfil. Pero tampoco es titular. Lesionado, Füllkrug no fue incluido en el plantel.

Así como ocurrió con el 7-1 de 2014, esta Alemania de Nagelsmann se intoxicó con el 7-1 sobre Curazao. Creyó alejados los fantasmas de Rusia y Qatar. Pero luego los marfileños estuvieron muy cerca de batirla (y merecieron mejor suerte) y Ecuador acabó por noquearla.

Campeón mundial en 2014, Mats Hümmels lo vio claro tras la derrota ante los ecuatorianos: “Tenemos muchos jugadores en el mediocampo que quieren dar el pase final. Pero también se necesita a alguien que lo reciba”, dijo en su rol de comentarista televisivo. “Si dos o tres jugadores no hacen desmarques profundos, abriendo espacios para los demás y disponibles para recibir un pase a la espalda de la defensa, entonces no hay nadie que dé el pase final. Y entonces da igual que nuestros mediocampistas puedan dar esos pases si no tienen a quién recibirlos”. Sin sus tanques en la cancha, Alemania perdió 4 de sus últimos 9 partidos en Mundiales.

“Aún tenemos que aprender que debemos darlo todo por la victoria en partidos como este. Tenemos que luchar más”, señaló Undav, rescatado del banco para la última media hora con Ecuador. No alcanzó.

Para Jürgen Klopp, también devenido comentarista de TV, el problema también es de carácter. “Necesitamos combinar nuestras cualidades con una actitud excepcional. Nos devoraron en los duelos en el centro del campo”, dijo tras la última derrota.

Philip Lahm, también campeón en 2014 y ahora columnista de enorme agudeza, había afirmado dos meses antes del torneo que “si Alemania continúa por este camino, le espera el mismo destino” que Italia, cuyo fútbol se ausenta del Mundial desde, precisamente, 2014.

No faltan los que creen que la columna vertebral del Bayern Múnich (Neuer-Tah-Pavlovic-Musiala) es endeble, especialmente en el caso del arquero, que está lejos de su mejor nivel, y tuvo responsabilidad en los dos tantos ecuatorianos.

El Bild opina que hay un problema de resistencia física en el plantel y que por esa razón el equipo no presiona. “La fortaleza física es difícil de entrenar. Necesitamos jugar el balón antes para evitar los duelos físicos”, había dicho Nagelsmann. ¿Es esa la razón por la que el tradicional estilo alemán ha sido abandonado? ¿Es un problema de preparación? “Nuestros jugadores no están mostrando la potencia por la que la selección alemana era conocida y temida”, sentenció el poderoso medio alemán.

Ni tanques ni combustible, al parecer.

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