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A 3.100 metros de altura y con -13°C: Luci, la pastora riojana que vive en plena Cordillera de los Andes

La llegada de la nieve transformó el paisaje y volvió a mostrar la dura realidad de quienes habitan la alta montaña riojana.

La nieve volvió a cubrir la Cordillera de los Andes en el departamento Vinchina y, mientras el paisaje se transforma en una postal de invierno, también deja al descubierto la realidad de quienes eligieron hacer de la montaña su hogar.

Una de esas historias es la de Lucía "Luci" Urriche, una pastora de 51 años que vive junto a Eduardo en el puesto Río Colorado, a 3.100 metros sobre el nivel del mar, rodeada de ovejas y de un entorno tan imponente como desafiante.

Con la llegada de las primeras nevadas, Luci recibió una visita especial. La intendenta de Vinchina, Adriana Arias, llegó hasta el puesto para acercar alimento destinado a los animales, un recurso fundamental para atravesar los meses más duros del invierno en la alta montaña.

Una vida marcada por la cordillera

Lucía es analfabeta y desde hace décadas desarrolla su vida en uno de los rincones más aislados de La Rioja, donde el tiempo parece transcurrir con otro ritmo y las condiciones climáticas ponen a prueba la resistencia de quienes habitan el lugar.

Su vivienda refleja las costumbres ancestrales de los crianceros de la cordillera.

Para descansar utilizan un "camero", un colchón confeccionado con cuero de oveja, mientras que la cocina fue construida con piedra pircada: una estructura circular levantada con rocas superpuestas, de aproximadamente tres metros de diámetro y 1,30 metros de altura.

El techo está elaborado con chapas y vegetación autóctona de la zona, mientras que en el centro de la cocina un pozo de alrededor de un metro de profundidad sirve para mantener encendido el fuego que les permite soportar las bajas temperaturas.

Dormir junto al rescoldo

Durante el invierno, las temperaturas pueden descender hasta los -13 grados centígrados.

Para enfrentar el frío, Luci y Eduardo duermen junto al rescoldo del fuego, cubiertos con pullos de oveja, una práctica tradicional que todavía persiste entre los pobladores de la cordillera.

Cada mañana, cerca de las ocho, el primer ritual consiste en volver a encender el fuego y calentar agua para compartir unos mates antes de comenzar las tareas con el ganado.

Guardianes de una forma de vida

Historias como la de Lucía Urriche reflejan una forma de vida profundamente ligada a la naturaleza, al trabajo con los animales y a las costumbres que aún sobreviven en la alta montaña riojana.

Mientras la nieve pinta de blanco la Cordillera de los Andes, Luci continúa cuidando a sus ovejas con la misma tranquilidad con la que ha vivido durante años, demostrando que, para quienes nacieron entre cerros y quebradas, el invierno no es un obstáculo sino parte del paisaje cotidiano.

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